El gallinero

¿De quién es el agua?

Abril 17, 2008 · 1 Comment

Ya tenemos montada otra batallita a cuenta de las guerras del agua. Cataluña contra Valencia y Murcia, y a la vez contra Aragón. Los regantes de Cataluña contra la ciudad. Y no parece que esto vaya a acabar nunca.

El problema será insoluble mientras no haya criterios racionales para asignar el agua. ¿Por qué un trasvase a Barcelona y no uno a Valencia? A falta de mejores criterios, dominan en la política los grupos de presión, el intercambio de favores, las ideologías,…

Efectivamente hay demasiado politiqueo y poca racionalidad en la asignación del agua. En Cataluña, el gobierno tripartito nos está vendiendo que hay escasez de agua y que hay que ahorrar agua en los hogares como sea, pero es mentira. Hay agua de sobras para según que usos. Por ejemplo se está construyendo ahora el canal Segarra-Garriga que llevará agua del Segre para transformar una buena franja de las comarcas mencionadas de secano a regadío. Todo esto mientras Barcelona corre peligro de pasar sed en otoño.

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No es el gran problema mundial

Octubre 28, 2007 · 2 Comments

Si Mariano Rajoy quería manifestar su postura y la de su partido frente al cambio climático en plena pre-campaña electoral, no ha sido uno de sus momentos más brillantes. “Yo de este asunto sé poco, pero mi primo supongo que sabrá”. La Ministra de Fomento se lo agradecerá por distraer la atención de los mil y un desastres de las obras del AVE.

El primo de Zumosol no es climatólogo. No hay una opinión unánime entre los científicos, pero los informes del IPCC, el Grupo Intergubernamental para el Cambio Climático, representan la opinión mayoritaria de climatólogos. Eso no significa que no puedan estar equivocados, pero es la voz con más autoridad en cambio climático. Yo desde luego no sé más que ellos. Y probablemente tampoco el primo.

Prevision del calentamiento global

Pues bien, el IPCC afirma que de seguir las tendencias actuales de emisión de gases, para el final del siglo habrá una subida importante de temperaturas. Para algunos esto puede suponer sólo una inconveniencia tolerable, pero para los que dependan de la agricultura de subsistencia en zonas secas donde el agua escaseará cada vez más, puede suponer la diferencia entre al vida y la muerte. O la emigración si les dejan. De ningún modo se pueden ignorar unos efectos, que son potencialmente de importancia existencial para millones de seres humanos.

Como la justicia poética muy a menudo brilla por su ausencia, los más castigados serían precisamente los que menos culpa tienen en la emisión de gases de efecto invernadero.

No es ciencia a prueba de bomba. Puede que los modelos estén equivocados, que en el futuro cambie por sí sola la tecnología energética y emitamos menos gases, o que dentro de un siglo los africanos sean menos vulnerables de lo que pensamos. Pero en cualquier ámbito ejecutivo, desde la empresa hasta la política, se toman decisiones basadas en riesgos probables, no en certezas. No se asegura una casa contra incendios porque sepamos con certeza que la casa se va a quemar, sino para cubrir riesgos. Emitir menos gases de efecto invernadero sería una forma de prevenir riesgos del cambio climático, basados en lo que nos dice nuestra mejor ciencia.

En justicia sí es un gran problema mundial. No es justo que un tercero sufra las consecuencias de nuestras propias acciones. El que rompe paga.

O deberíamos pagar. Otra cosa es que seamos capaces de prevenir el cambio climático.

Reducir significativamente la emisión de gases no es moco de pavo. Al principio basta con economizar energía aquí y allá, pero si quiere ir en serio tarde o temprano hay que hacer sacrificios. Tomar medidas difíciles e impopulares como poner cuotas o tasar el consumo de energía, dejar de iluminar las calles por la noche, dejar de usar el coche para ir de viaje, lo mismo con los aviones, apostar por la energía nuclear…

Y no todos los sacrificios darán los frutos esperados. Si se ponen cuotas de emisión de gases a la industria europea, algunas de estas industrias se irán a otros países, como China, que no necesita reducir emisiones bajo el protocolo de Kyoto y acabaremos comprando productos chinos para cuya fabricación se han emitido las mismas toneladas de dióxido de carbono. Si Europa deja de quemar combustibles fósiles, el precio de éstos bajará y resultará atractivo para otros países ajenos a Kyoto que se podrán permitir quemar más. Es difícil remar contracorriente.

Y la corriente en contra va a ser cada vez más poderosa durante este siglo. Hay tres mil millones de asiáticos en países que están creciendo económicamente a ritmos acelerados y que previsiblemente, y con razón, su preocupación durante el próximo siglo no será el cambio climático sino seguir creciendo y salir de la pobreza. La demanda de combustibles fósiles seguirá siendo vigorosa.

Hay quien dice que el petróleo y el gas se están acabando. Si es así, es más fácil que los combustibles fósiles dejen de quemarse, no por una cuestión de voluntad, sino porque se vayan acabando o haya alternativas más baratas.

Si algo podemos hacer los viejos consumidores es abrir camino, desarrollar y empezar a utilizar tecnologías y procesos que sean atractivos y rentables para los nuevos consumidores.

Pero no tengo ni idea de qué cantidad de recursos deberíamos invertir en abrir esos caminos o si esa inversión será efectiva. Tal vez haya otros problemas más prioritarios, en los que cada euro invertido sea mucho más efectivo. Como dice el economista Sala i Martin,

“tampoco vale decir que luchamos contra el calentamiento para evitar que los africanos se queden sin agua dentro de 100 años, porque los africanos no tienen agua hoy: en la actualidad ya hay dos millones de niños que mueren de diarrea cada año por falta agua potable. Si todo esto lo hacemos para ayudar a los pobres, solucionemos primero los problemas de los pobres de hoy y después ya ayudaremos los de dentro de un siglo.”

En el fondo Rajoy no está tan equivocado cuando dice que no podemos convertir el cambio climático en “el gran problema mundial”. No porque no vaya a tener consecuencias graves, sino porque es más incierto, difícil y caro de resolver que otros problemas más apremiantes.

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Una mala lección

Octubre 6, 2007 · No Comments

Siempre me ha parecido curioso que en una supuesta democracia liberal, donde teóricamente uno tiene derecho a hacer aquello que no interfiera la libertad de los demás, no se pueda ir gentilmente desnudo/a por la calle o por cualquier otro lugar. En realidad el contexto social y cultural limitan más nuestra querida libertad de lo que creemos o admitimos. Ocultar nalgas, pechos y otras partes de nuestra anatomía no me parece menos absurdo que esconder parte del pelo. Y no deja de ser una convención cultural sexista. Un hombre puede pasearse sin camisa por el Paseo de Gracia, pero si lo hace una mujer se arriesga a que le inste la guardia urbana a taparse o la acusen de escándalo público o, peor aun, de prostituirse.

No creo que los padres de Shaima sean unos puritanos coránicos, sino que simplemente siguen sus propias convenciones culturales. No soy un relativista cultural, pero creo en la libertad, y defiendo la libertad de sus padres para vestirse y vestir a sus hijos de acuerdo con su propia cultura e identidad, sobre todo si la niña está de acuerdo ya que es ella la que tiene que soportar las humillaciones en el colegio. En todo caso son los padres y no el colegio quien debería decidir si consienten en “occidentalizar” el atuendo de la niña para evitar los insultos.

Hace bien la Generalitat en proteger la libertad de esa familia. El colegio debería haberla protegido frente al ataque de otros niños, en lugar de dedicarse a ponerse en su contra. Para tratarse de un centro escolar, le ha administrado a la niña una mala lección de liberticidio.

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