El gallinero

¿De quién es el agua?

Abril 17, 2008 · 1 comentario

Ya tenemos montada otra batallita a cuenta de las guerras del agua. Cataluña contra Valencia y Murcia, y a la vez contra Aragón. Los regantes de Cataluña contra la ciudad. Y no parece que esto vaya a acabar nunca.

El problema será insoluble mientras no haya criterios racionales para asignar el agua. ¿Por qué un trasvase a Barcelona y no uno a Valencia? A falta de mejores criterios, dominan en la política los grupos de presión, el intercambio de favores, las ideologías,…

Efectivamente hay demasiado politiqueo y poca racionalidad en la asignación del agua. En Cataluña, el gobierno tripartito nos está vendiendo que hay escasez de agua y que hay que ahorrar agua en los hogares como sea, pero es mentira. Hay agua de sobras para según que usos. Por ejemplo se está construyendo ahora el canal Segarra-Garriga que llevará agua del Segre para transformar una buena franja de las comarcas mencionadas de secano a regadío. Todo esto mientras Barcelona corre peligro de pasar sed en otoño.

¿Es que acaso los hogares barceloneses se llevan todo el agua y por eso no merecen más? No es así. En Cataluña la agricultura se lleva el 70% del agua utilizada, mientras que los hogares solo consumen un 18% del agua.

Yo no digo que no se deba utilizar agua para usos agrícolas, pero ¿por qué se ha decidido que haya cuatro veces más agua para las lechugas y los tomates que para consumo doméstico? ¿Por qué los barceloneses tienen que dejar de regar parques, llenar piscinas y lavar coches?

Entre los motivos por los que hay tanta agua para uso agrícola están los vicios del proceso político. Los agricultores se organizan en asociaciones, presionan a los políticos, se manifiestan y cortan las carreteras con los tractores, mientras que el ciudadano medio que sufre las restricciones de agua no se organiza igual de bien para presionar.

Los políticos en este país no tienen criterios racionales para la distribución del agua, así que son muy sensibles a grupos de presión, empecinamientos ideológicos, amigos que piden favores, etcétera.

Las guerras del agua son una plaga endémica de nuestro país que no tenemos por qué sufrir. Con cualquier otro bien, como la leche, la gasolina o la electricidad, no se plantean las mismas guerras, hay criterios racionales para su distribución.

Estos productos se distribuyen de acuerdo con las reglas del mercado. No hace falta que ningún gobierno decida cuanta leche se asigna a los valencianos y cuanta a los aragoneses. Los distribuidores la llevan allí donde hay demanda. Si escasea la leche, suben los precios y de un modo automático los consumidores responden a los nuevos precios “ahorrando” en consumo de leche y ajustando la oferta a la demanda. ¿Por qué no hacer lo mismo con el agua?

Ojo, que hay usos del agua que son prioritarios y que tienen que estar suficientemente garantizado, incluso fuera de un sistema de mercado. Por orden de prioridad, el agua de boca en los hogares y el caudal ecológico de los ríos.

Pero para el resto de los usos: agrícola, industrial, parques y jardines, piscinas, el agua debería ser un bien más, como la leche. Debería tener un precio que señalaría su abundancia o escasez en un sitio determinado. Los criterios para llevar el agua a un sitio o a otro podrían ser de pura eficiencia económica.

Por ejemplo que cierta cantidad de agua se utilice para uso agrícola o uso industrial dependería de quien vaya a sacar más partido de económico de esa agua, y que por tanto esté dispuesto a pagar más por el agua.

El sistema de precios también podría arbitrar entre quien va a rentabilizar más el agua del Ebro, si Aragón o Valencia. Si el precio del agua en Valencia y Murcia es más alto que en Aragón, y la diferencia de precio es suficiente como para compensar el coste de las obras del trasvase, indicaría que un trasvase del Ebro sería económicamente eficiente y justificado.

En este sentido el trasvase al área de Barcelona está plenamente justificado porque el uso doméstico de primera necesidad y los barceloneses estarían dispuestos a pagar un alto precio por el agua. En cambio en Valencia y Murcia el uso demandado es principalmente agrícola, de escaso valor añadido. Es dudoso que los agricultores valencianos y murcianos estén dispuestos a pagar el coste de llevar el agua hasta su tierra.

El precio es una buena señal de cuando hay que ahorrar agua. Si el agua escasea subirán los precios. Si el agricultor observa que el agua se ha encarecido le saldrá a cuenta plantar o sembrar cultivos que necesiten menos agua o invertir en métodos de riego que sean más eficientes en el uso del agua.

Basta ya de guerras del agua. Llevamos tiempo usando el sistema de precios para distribuir todo tipo de productos y servicios, y ni siquiera pensamos en ello, como un motor que funciona con toda normalidad. Dejemos que la normalidad llegue también a nuestros grifos.

Categorías: Exprimiendo el Planeta

1 respuesta hasta el momento ↓

  • Marcos Pita Varela // Abril 20, 2008 a 3:24 pm

    Léete el la ley que aprueba el Plan Hidrológico Nacional y verás que el “Principio de Recuperación de Costes” (contenido en la Directiva comunitaria 2000/60CE) ya ilustra todas las actuaciones previstas en el P.H.N.

    Saludos.

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